Introducción a la ecología interior por Victoria Guillomon

Lo que no aprendemos en la escuela: la ecología interior me permitió revelarme

Nací en el campo, mis padres son agricultores. Aprendí a conducir un tractor antes que a andar por las ciudades.

Sin embargo, aunque me cuidé de los excesos, caí en la trampa: publicidad, órdenes y presión social. Es muy fácil dejarse engañar cuando careces de confianza en ti mismo y aprendes a avanzar en la vida a tientas. Crecí con la idea de que nuestra vida se construye bajo unas condiciones. Que había que ir marcando unas casillas una a una, muy rápido y muy bien.

«NO CUENTES LOS DÍAS. HAZ QUE LOS DÍAS CUENTEN»

Muhammad Ali


Aprender por sí mismo y superar el miedo

Por aquel entonces, no veía espacio para la libertad y la espontaneidad. Llevé blusas demasiadas grandes durante mi bachiller científico, fui siempre la mejor de la promoción en la escuela de comercio, me sentaba en primera fila con mis gafas encima de la nariz y hacía la pelota. Elegí no elegir, dejar que mi vida fuera dictada por otros, por mandatos que aseguraban seguridad porque “así es la vida”.
Estaba estresada y perdida, con la sensación constante de estar fuera de mí, de ser demasiado pequeña en un mundo demasiado grande, incomprendida frente a mi autenticidad que se ahogaba en las trivialidades.
Tenía 22 años cuando comprendí que ser reducida a productor-consumidor no le daba ningún sentido a la vida. Peor aún, este modelo destruía la vida.

Imagen: Lucie Francini

Hasta que, un día, me atreví a sumergirme en lo desconocido.

Y nunca volví a la superficie, por lo bien que se estaba allí.

¿Qué es la ecología interior?

Edgar Morin afirma que: “la gigantesca crisis planetaria es la crisis de la humanidad, que no logra acceder a la humanidad”.

Por lo que, a los 24 años, mis prioridades cambiaron por completo.

Dejé de buscar qué sentido darle a mi futuro, y empecé a preocuparme por cómo preservar ese futuro. Y decidí dedicar mi vida a eso: a ayudar a la humanidad, a acceder a la humanidad.

Creé mi podcast Nouvel Œil, publiqué mi primer libro “Lo que no aprendemos en la escuela”, y empecé a dar conferencias para concienciar sobre este tema, la ecología interior.

Porque no habrá protección climática sin autoprotección. Nosotros somos la naturaleza.

Sin embargo, cuando se nos habla de ecología se nos dice que hay que separar y reciclar nuestros residuos, no viajar en avión nunca más, no comprar nada nuevo, sustituir la carne por semillas, y muchos otros tópicos que nos dividen y nos debilitan. Yo caí de pleno en esta mecánica, la de ser la ecologista perfecta que se siente culpable por cada paso en falso, la de la chica que le grita a su hermana cuando coge un avión o cuando compra en Zara. Me agotaba y era contraproducente.

¿Cómo practicar la ecología interior? Las bases

No había entendido que ser ecologista era, sobre todo, estar bien conmigo misma. Actuar por el clima es actuar por sí mismo. Por muy egoísta que pueda parecer. Porque despojar tu vida de todo lo superfluo y quedarte con lo que realmente importa lo cambia todo.

No estás contigo a la fuerza, estás contigo por inspiración. Viviendo con alineación y sobriedad es como sentí el impacto a mi alrededor. Porque atraemos lo que somos, lo que desprendemos.

Y es ahí cuando la ecología interior adquiere sentido. Aprender a conocerse, a calmarse, a cultivar la soledad, a detener el ruido del mundo para descubrirse, eso es la ecología.

Dejaremos de huir con fiestas, agendas repletas y armarios desbordados cuando nos llenemos por dentro.

Dejaremos de permitir que nuestra felicidad dependa del exterior y del consumo cuando sintamos esa paz interior.

Todo está ahí, dentro de nosotros. Solo es cuestión de hacer hueco para aprender a conocernos. Asusta, da vértigo, pero es necesario. 

Por eso, a lo largo de los próximos 5 artículos de Potoroze, intentaré compartir con vosotras algunos consejos que me ayudan a estar tranquila y alineada a diario.

Imagen: Loïc Moussier

«No estás contigo a la fuerza, estás contigo por inspiración.»

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