Conexión mente-cuerpo: relación entre emociones y salud digestiva

¿Cómo influye nuestro estado emocional en el bienestar digestivo?

Los trastornos digestivos puede generarse por diferentes causas. Diversos factores pueden ser los responsables: baja producción de ácido clorhídrico, escasez de enzimas digestivas, baja producción de bilis, disbiosis y proliferación bacteriana, porosidad intestinal, estrés crónico, traumas no resueltos, exposición a disruptores endocrinos… Por tanto, las causas pueden ser tanto fisiológicas como psicológicas, ¡la conexión mente-cuerpo es un hecho evidente!

Pensar que lo único que hay que hacer es reequilibrar la alimentación para resolver los problemas digestivos es un grave error. Ahora sabemos que el cuerpo y la mente están estrechamente unidos: Si uno sufre, el otro también: ¡es una vía de doble sentido! Entonces, ¿cómo se puede esperar solucionar los problemas digestivos si se descuida el aspecto emocional? Como podrás ver, equilibrar la conexión mente-cuerpo es esencial y no nos debemos olvidar de la relación entre estado emocional y la salud digestiva;

El impacto del estrés sobre la digestión

El impacto del estrés sobre la digestión

Entre las causas psicológicas, el principal culpable es el estrés. En primer lugar, el estrés es una respuesta fisiológica natural que nos permite adaptarnos a nuestro entorno. Ejerce un papel importante en nuestra supervivencia. Cuando es intenso, es decir, temporal y puntual, no es preocupante. Sin embargo, cuando se vuelve crónico, es decir, persistente, es cuando supone un problema, intestino y estrés no son muy buenos amigos y solemos tener problemas digestivos por estrés.

¿A qué se deben los trastornos digestivos relacionados con el estrés?  

¿Cómo afecta el estrés al sistema digestivo?

El estrés provoca la liberación de una hormona: el cortisol (la hormona de la supervivencia). Lo segregan las glándulas suprarrenales, unas pequeñas glándulas situadas encima de los riñones, y tiene gran influencia en el organismo cuando es liberada en exceso:

1. El estrés prima sobre el deterioro de la digestión

El estrés y la liberación de cortisol están provocados por la activación del sistema nervioso autónomo simpático, mientras que la digestión está controlada por el sistema nervioso autónomo parasimpático. Estos dos sistemas tienen funciones inversas:

–    El primero pone al cuerpo en alerta y en acción  
–   Mientras que el segundo favorece la relajación y controla la digestión. 

Así que no pueden funcionar al mismo tiempo, ¡cómo sucede con los pedales del acelerador y freno de un coche! 

El estrés, ese incómodo compañero que puede entorpecer nuestra digestión. Imagínese en medio de un día estresante: su cuerpo, en modo de alerta, descuida la digestión porque está luchando contra las presiones externas. Este desequilibrio evidencia la relación íntima que existe entre nuestro estado emocional y nuestro bienestar digestivo.

2. No conseguir eliminar el exceso de cortisol 

El cortisol se libera para indicar al organismo que se aproxima un peligro y estimularnos a afrontar o alejarnos del peligro en cuestión (por ejemplo, si te encuentras cara a cara con un oso). Enfrentarse a una situación como esta requiere mucha energía. Bajo la acción del cortisol, la energía se genera con la liberación de azúcar en el torrente sanguíneo. Atacar o huir, es decir, poner el cuerpo en acción, permite entonces evacuar el exceso de cortisol y de azúcar segregados por el organismo.  

Sin embargo, en la sociedad actual, las situaciones de este tipo son poco frecuentes y el cortisol se segrega en respuesta a situaciones claramente menos peligrosas (por ejemplo, un conflicto con tu jefe o los atascos en carretera) y no se pueden tomar medidas para eliminar el exceso de cortisol y azúcar: ni combatir, ni huir. 

Por ejemplo, ante un conflicto con tu jefe, ¡no vas a lanzarte encima de él! Ni salir corriendo, en principio.

Por tanto, el cortisol permanece en el organismo sin ser eliminado. El problema es que cuanto más cortisol tenemos en la sangre:

–  Menos capacidad tenemos para digerir (véase el apartado anterior) 
–  Menos progesterona segregamos, que posee un efecto calmante.

El azúcar tampoco puede eliminarse y en exceso puede causar problemas como acné, eczema y psoriasis, etc.

la relación entre mente e intestino: Conexión mente-cuerpo

3. El desgaste de las glándulas suprarrenales

La producción excesiva de cortisol a lo largo de los años puede acabar provocando el agotamiento de las glándulas suprarrenales, que ya no son capaces de segregar una cantidad suficiente de cortisol. ¡Es el pico de cortisol segregado por la mañana lo que nos da el impulso para levantarnos!

Proteger nuestras glándulas suprarrenales se está convirtiendo en un deber ineludible. Su agotamiento, una consecuencia alarmante del estrés crónico, puede conducir al exceso de trabajo e incluso al colapso. Es importante prestar atención sobre cómo prevenir el agotamiento, incorporando descansos regulares y estrategias de gestión del estrés a nuestra vida cotidiana.

4. Los pensamientos negativos y el nervio vago:

Cuando el estrés se vuelve crónico (es decir, cuando se convierte en algo frecuente o incluso diario), puede favorecer la aparición de ansiedad, caracterizada por pensamientos obsesivos y angustiosos. Sin embargo, el nervio vago, que es el nervio más largo del sistema nervioso parasimpático, se encarga de la comunicación entre el cerebro y los intestinos. Este nervio está regulado en parte por nuestros pensamientos. 

Los pensamientos negativos, entrelazados en el telar de nuestra vida cotidiana, influyen directamente en el nervio vago, artífice de la comunicación entre nuestro cerebro y nuestros intestinos. ¡Cultivar pensamientos positivos ayuda a crear un equilibrio saludable para el sistema digestivo! 

Un nervio vago estimulado correctamente es un valioso aliado para reforzar nuestra resistencia al estrés y favorecer una digestión óptima, en particular regulando la producción de ácido clorhídrico en nuestro estómago. Descubre varias técnicas sencillas para estimular este nervio vital. Todo aquello que provoca vibraciones en la parte posterior de la garganta: ya sea haciendo gárgaras o emitiendo sonidos como «OM», cantar fuerte (bajo la ducha o fuera), la risa, o las prácticas respiratorias, podrían ser la clave de tu progreso. Encuentra la técnica que mejor se adapte a ti e incorpórala a tu rutina para cultivar una conexión equilibrada entre tu cuerpo y tu mente. 

Para finalizar, asumamos la idea de que trabajar nuestro cuerpo y nuestra mente es una de las claves para resolver los problemas digestivos. ¿Cómo se equilibra la conexión mente-cuerpo? La dieta sigue siendo un eje fundamental, pero para obtener resultados tangibles, es importante reequilibrar todos sus fundamentos, exploremos algunas prácticas que equilibran de manera armoniosa nuestro mundo interior. Tales disciplinas como la meditación, el yoga, las prácticas respiratorias o incluso un simple paseo regenerativo pueden ser poderosos aliados en esta búsqueda de la armonía física y mental.

Ahora que lo sabes todo sobre la influencia de las emociones en la digestión y la conexión mente-cuerpo, ¡descubre nuestro artículo para mejorar tu salud con una alimentación hormonal! 

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